Arrancamos un año nuevo con no muy buenas expectativas en lo que al consumo interno de vino se refiere. Por otra parte, nada nuevo, ya que la tendencia descendente se mantiene desde hace un par de décadas. De todos los países productores de vino, somos el que menor consumo interno tiene y el que pierde más bebedores de vino año tras año. ¿Qué podemos hacer para frenar este descenso? ¿Qué causas motivan este problema? Yo creo que es un poco culpa de todos los agentes del sector: de los productores, que durante los años de bonanza encarecieron los precios de sus vinos y lanzaron vinos “de alta gama”, “de autor”, “de alta expresión”, que se suponía que justificaba el alto precio; de la restauración, que ha abusado del margen comercial en cada botella; y de los comunicadores, que quizás hemos envuelto el vino con un lenguaje demasiado ampuloso y con un protocolo demasiado rígido y serio. Y todo ello en un contexto globalizado en el que competimos con vinos del mundo entero en todos los mercados. Tenemos que acercar el vino a todos y muy especialmente a los jóvenes y devolverle su sitio en la mesa, cuando era tan imprescindible para comer como el pan.
ESCRITO POR MARGARITA LOZANO
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