S. Acosta - Madrid - 20/01/2012 - 07:00
Buenos caldos, sin duda, pero también una experiencia hecha a medida para los amantes de la intrahistoria de una región, el disfrute de un agradable alojamiento rural o el deleite de la gastronomía local. Embarcarse en una ruta del vino está transformando la oferta turística de los municipios de España gracias a visitantes cada vez más abiertos a salirse de la fórmula de sol y playa.
La prueba es que Fitur se llena cada año de nuevas propuestas de interior para recorrer el encanto ligado al vino de multitud de regiones. La Ribera del Duero ha sido una de las últimas en descubrir sus talentos. A la cultura y tradición de sus cuatro municipios -Burgos, Segovia, Soria y Valladolid- se suman imponentes caldos, "ahora mismo entre los mejores de España", explica Jesús Camacho, director de la Asociación Española de Ciudades del Vino (Acevin).
Al visitante le esperan en esta región increíbles vistas de la Ribera desde la atalaya de las fortalezas que jalonan esta tierra, y la oportunidad de acercarse a la historia de las civilizaciones que la han poblado, visitar yacimientos arqueológicos o recorrer bodegas subterráneas, como las del casco histórico de Aranda, un enjambre de siete kilómetros de túneles y galerías que fueron excavados entre los siglos XIII y XVIII, idóneos para la elaboración de vinos por sus niveles de humedad y temperatura constante, entre los 11 y 13 grados.
La diversificación de las regiones de tradición vitivinícola está ganando adeptos, curiosamente, gracias a la crisis, apuntan desde Acevin. Por ello, rutas como la de la Ribera del Duero ofrecen experiencias tan distintas como una sesión de vinoterapia o la visita del refugio de rapaces de Montejo, cuna del buitre leonado, el águila real o el halcón peregrino.
Una atmósfera completamente distinta ofrecen los vinos de la Rioja alavesa, donde la visita de la espectacular bodega de Marqués de Riscal, creada siguiendo la estela del Museo Guggenheim de Bilbao del maestro Frank Ghery, o la degustación de sus vinos se transforman en la mejor excusa para adentrarse en el misterio medieval de esta tierra.
El éxito de su turismo enológico ha empujado a esta región a lanzar iniciativas como el enobús, una visita guiada y un itinerario a medida para recorrer sus bodegas, la gastronomía y el encanto de sus villas medievales sin necesidad de conducir ni aparcar ni planificar la visita. El recorrido abarca 15 municipios y cambia cada semana para abrirse a experiencias diferentes desde Eibar, Bergara, Arrasate, Bilbao o Vitoria, todas conectadas con la Rioja alavesa. El enobús ofrece el traslado y un programa de visitas acompañados por un guía a un municipio y a una bodega con degustación, recorrido panorámico y tiempo libre para descubrir sus gastronomía y perderse por sus rincones.
A un universo distinto llevan los caldos de las Rías Baixas, a la tradición de los monjes del monasterio cisterciense de Armenteira (Pontevedra), los primeros en cultivar la vid, según la leyenda. Hasta 33 ayuntamientos de esta mitad occidental de Galicia tejen esta ruta del vino, ofreciendo al turista igual número de personalidades a través de sus paisajes de costa, de interior, de la magia del camino de Santiago o el misterio de su frontera con Portugal.
Fuente: www.cincodias.com
© 2012 Creado por SOFTCODE SL.
¡Necesitas ser un miembro de El vino 2.0 para añadir comentarios!
Participar en El vino 2.0